Todas las mañanas hace frío, pero cuando llega la noche y meto los pies entre las sábanas ya me he acostumbrado a él. Apenas pude dormir esta noche, papá tosía demasiado y Nicolás se metió en mi cama porque tenía miedo de que volvieran los soldados.
Nunca pensé que echaría de menos el colegio, aunque es cierto que echo de menos muchas cosas. Desde que empezó la guerra ningún ruso quiere corbatas ni pañuelos, apenas les da el sueldo para un pedazo de pan. Así que papá está arruinado. Arruinado y enfermo. Hace tanto tiempo que no comemos pan... la última vez fue cuando mamá regresó a casa semidesnuda con una barra en la mano y el maquillaje difuminado por la cara. Cada vez que mamá sale de casa siempre vuelve así, y cada vez que mamá sale de casa se oye a papá llorar desde su cama. Nicolás se peleó el otro día con Mikjail porque su madre había dicho que mamá era una puta. Nicolás no sabe lo que es un puta, pero no soporta que hablen mal de mi madre. Hasta hacía tiempo se presentaba como "Nicolas, igual que el padrecito zar" Ahora mi padre se lo ha prohibido y todas los vecinos tiemblan al oir su nombre. Nico no se explica que ha podido pasar con su fantástico nombre.
Tampoco vamos ya a la Iglesia, papá ha decidido que Dios no existe, que si existiera no dejaría morirse de hambre a buenas personas como nosotros mientras el zar y los ricos andan jugando a los soldaditos con Alemania. Mamá antes le decía que como siguiera pensando así acabaría en el infierno, hasta que mi padre le contestó que al menos allí estaría calentito. Pero mamá ya no opina sobre eso, ya no opina sobre nada, se pasa el día deambulando por las calles para poder alimentarnos.
Yo no sé si Dios existe o no, pero cuando esta mañana tan fría se han llevado el cuerpo de papá -que también estaba muy frío- al cementario de Petrogrado, le he dado gracias a Dios por hacer que mi padre no tuviera que continuar viendo como mi madre se prostituía ni como sus hijos se morían de hambre por una guerra estúpida.
Durante el funeral un hombre ha comentado que esta guerra es un infierno. Ójala, si así fuera al menos haría algo de calor.
Un caballero lleva por armadura la libertad, por escudo la razón y por arma el corazón.
miércoles, 9 de marzo de 2011
sábado, 5 de marzo de 2011
Solitude.
Ignoro cuando la conocí, supongo que cuando comencé a ser cosciente de su presencia. Está aquí, a mi lado, con la tez casi tan carmín como sus labios al observar como le dedico estas lineas.
Su nombre es Soledad, sus amigos la llaman Sole, o eso harían si los tuviese. Siempre viste de negro y se tiñó el pelo de blanco en una peluquería de Móstoles. Su figura es esbelta, aunque no demasiado, y la gusta enseñar sus delgadas y pálidas piernas, que ella quisiera fueran color ocre, a través de aquel vestido gótico que compró en internet y que viene de Kyoto (Japón). No la gusta pasar desapercibida, y por ello gasta al día diecinueve kilos de maquillaje aunque no lo necesite, pues solo su nariz hebrea ya la hace atractiva. Y camina por la calle escuchando Heavy Metal o Lady Gaga, guiñando un ojo a todos los viejos verdes que se quedan contemplando sus pechos, redondos y turgentes, bajo el vestido negro.
Dice que se enamoró de mí un día que estaba leyendo El retrato de Dorian Gray en el columpio de un pueblo de la provincia de Segovia, y que, desde entonces, decidió no separarse de mí. Y así ha ocurrido, aunque yo intentara sustituirla por otras a las que obligó a dejarme, o a las que me obligó a dejar. Soledad es celosa y solo le gusto cuando estoy débil y arrinconado, para así poder mecerme en sus escalofriantes brazos. Por ello mata todas las libelulas que lanzo desde mi ventana, por ello entregó mi corazón a la princesa más inaccesible del reino, para que jamás pudiera tocarla.
Soledad se acuesta conmigo todas las noches, y se levanta desayunando café y Special K, siempre con su sonrisa burlona de funcionario de prisiones. Me sigue a todas partes, utiliza mi cepillo de dientes y me obliga a acompañarla a sus clase de ballet, de clavicordio o de arte dramático, todas las noches cuando cierro mis párpados en busca de un descanso que nunca hayo.
He intentado drogarla con morfina hospitalaria, he intentado ahuyentarla con mil y un improperios que me enseñaron a no decir delante de las mujeres, he intentado matarla, clavar en ella mi puñal cocido a fuego lento o dispararla con mis balas de plata y egocentrismo. Pero ella se limita a sonreir, a decirme que no sea bobo y a convencerme de que nunca seré feliz y de que esta insulsa realidad es lo único a lo que puedo aspirar.
Puta.
Su nombre es Soledad, sus amigos la llaman Sole, o eso harían si los tuviese. Siempre viste de negro y se tiñó el pelo de blanco en una peluquería de Móstoles. Su figura es esbelta, aunque no demasiado, y la gusta enseñar sus delgadas y pálidas piernas, que ella quisiera fueran color ocre, a través de aquel vestido gótico que compró en internet y que viene de Kyoto (Japón). No la gusta pasar desapercibida, y por ello gasta al día diecinueve kilos de maquillaje aunque no lo necesite, pues solo su nariz hebrea ya la hace atractiva. Y camina por la calle escuchando Heavy Metal o Lady Gaga, guiñando un ojo a todos los viejos verdes que se quedan contemplando sus pechos, redondos y turgentes, bajo el vestido negro.
Dice que se enamoró de mí un día que estaba leyendo El retrato de Dorian Gray en el columpio de un pueblo de la provincia de Segovia, y que, desde entonces, decidió no separarse de mí. Y así ha ocurrido, aunque yo intentara sustituirla por otras a las que obligó a dejarme, o a las que me obligó a dejar. Soledad es celosa y solo le gusto cuando estoy débil y arrinconado, para así poder mecerme en sus escalofriantes brazos. Por ello mata todas las libelulas que lanzo desde mi ventana, por ello entregó mi corazón a la princesa más inaccesible del reino, para que jamás pudiera tocarla.
Soledad se acuesta conmigo todas las noches, y se levanta desayunando café y Special K, siempre con su sonrisa burlona de funcionario de prisiones. Me sigue a todas partes, utiliza mi cepillo de dientes y me obliga a acompañarla a sus clase de ballet, de clavicordio o de arte dramático, todas las noches cuando cierro mis párpados en busca de un descanso que nunca hayo.
He intentado drogarla con morfina hospitalaria, he intentado ahuyentarla con mil y un improperios que me enseñaron a no decir delante de las mujeres, he intentado matarla, clavar en ella mi puñal cocido a fuego lento o dispararla con mis balas de plata y egocentrismo. Pero ella se limita a sonreir, a decirme que no sea bobo y a convencerme de que nunca seré feliz y de que esta insulsa realidad es lo único a lo que puedo aspirar.
Puta.
jueves, 3 de marzo de 2011
Ballon.
Porque sé que estás leyendo esto. Porque quizá seas casi tan predecible como yo, a pesar del misterio enajenado que brilla en tus ojos y los hace tan absurdamente irresistibles.
Porque me pondría en tu lugar sin ni si quiera conocer cual es. Coger aquella navaja de humo que guardo bajo mi cama y repartir equitativamente el dolor que te consume, como si fueras una de esas velas negras que utilizan los hechiceros vudú para maldecir. Si no está en mi mano acabar con tu carga, déjame al menos compartirla.
Porque es díficil. Todo. Porque la vida no es como nos la prometió Disney, y somos débiles. Todos. Mas debes agarrarte a lo que sea, cualquier cosa que infle tu positivismo como uno de esos globos de helio. Y no se te ocurra pincharlo princesa, porque estarás perdida. Y no dejes que el Rey se hunda ni te hunda. Haz que vuele, como lo haces tú cada vez que alguna carcajada rebelde se te resbala de la boca.
Porque el globo no puede dejar de volar, porque está lleno de libélulas y burbujas volatilizadas. Igual que tú.
Porque me pondría en tu lugar sin ni si quiera conocer cual es. Coger aquella navaja de humo que guardo bajo mi cama y repartir equitativamente el dolor que te consume, como si fueras una de esas velas negras que utilizan los hechiceros vudú para maldecir. Si no está en mi mano acabar con tu carga, déjame al menos compartirla.
Porque es díficil. Todo. Porque la vida no es como nos la prometió Disney, y somos débiles. Todos. Mas debes agarrarte a lo que sea, cualquier cosa que infle tu positivismo como uno de esos globos de helio. Y no se te ocurra pincharlo princesa, porque estarás perdida. Y no dejes que el Rey se hunda ni te hunda. Haz que vuele, como lo haces tú cada vez que alguna carcajada rebelde se te resbala de la boca.
Porque el globo no puede dejar de volar, porque está lleno de libélulas y burbujas volatilizadas. Igual que tú.
lunes, 28 de febrero de 2011
Sourires de tissu.
No descosas esas sonrisas que bordaste en tu rostro con aguja de plata e hilo de alquitrán.
Respira el aroma de la hipocresía y miéntele al mundo con aquella sonrisa rebelde que te inyectaste a la fuerza.
Cuida a la princesa desde fuera, no permitas que la ocurra nada malo y vela por ella mientras duerme, pero jamás la toques. Ni una caricia, ni un roce... por muy suave que sea su olor y por muy dramática que suene su piel.
Y nunca vacíes esa falsa carcajada que te sale de lo más hondo del hígado. Por mucho que sientas como tu cuerpo se parte en dos cuando lo hace.
Ámala, sueña con ella, idealizalá si quieres, pero nunca la toques. Su cuerpo de cristal se desharía ante la hiel de tus labios. Y sonríela, porque es tu manera de protegerla.
Respira el aroma de la hipocresía y miéntele al mundo con aquella sonrisa rebelde que te inyectaste a la fuerza.
Cuida a la princesa desde fuera, no permitas que la ocurra nada malo y vela por ella mientras duerme, pero jamás la toques. Ni una caricia, ni un roce... por muy suave que sea su olor y por muy dramática que suene su piel.
Y nunca vacíes esa falsa carcajada que te sale de lo más hondo del hígado. Por mucho que sientas como tu cuerpo se parte en dos cuando lo hace.
Ámala, sueña con ella, idealizalá si quieres, pero nunca la toques. Su cuerpo de cristal se desharía ante la hiel de tus labios. Y sonríela, porque es tu manera de protegerla.
viernes, 25 de febrero de 2011
Libellule.
En aquel estanque, aquel donde acudía cada noche a tirar piedras al mundo, fue donde la ví por primera vez. Brillaba en mitad de la noche, desafíando los cantos luminosos de la luna y pirueteando en el aire dejando tras de sí una estela de sangre de luciernaga, o de polvo de hada. Refulgía su verde posado en el estanque, cantaban sus alas en contacto con el viento, moría en cada aleteo y resucitaba en cada pirueta. Quise que fuera mía y, en un descuido, la metí en un tarro de cristal que apestaba a soja y a egocentrismo.
Cuando desperté, la libélula se había ido, dejando tras de sí esa brillante estela que solo ven los que saben mirar. Volví esa noche al estanque y la encontré con un regero de tristeza en sus curiosos ojos entomológicos. Estaba herida del corazón, pero por más que de mis labios se deslizaron preguntas desoladas, estas se perdieron en el viento. Las libélulas no hablan.
Intenté guardarla en el tarro de nuevo, y cuidarla, y alimentarla todas las noches de nectar de rosas y sangre de clavel... Pero la libelula prefería morir sola y tuve que conformarme con amarla desde lejos cada noche, mientras elaboraba hipócritas piruetas para demostrarle al mundo que ella seguía al pie del cañón. O quizá para demostrárselo a sí misma.
Y el crujir de las alas disimulaba su llanto, que limpiaba cada vez que teñía el agua con su verde gallego.
Y no existía el tiempo ni el polvo cuando ella volaba.
Y deseé ser libélula para sumarme a su vuelo, pero aprendí a conformarme con observar su melancólica danza de angustia disfrazada de misterio.
Vuela libélula, vuela hasta quedarte sin aliento, vuela embriagada por la armoniosa heráldica de los sueños.
Cuando desperté, la libélula se había ido, dejando tras de sí esa brillante estela que solo ven los que saben mirar. Volví esa noche al estanque y la encontré con un regero de tristeza en sus curiosos ojos entomológicos. Estaba herida del corazón, pero por más que de mis labios se deslizaron preguntas desoladas, estas se perdieron en el viento. Las libélulas no hablan.
Intenté guardarla en el tarro de nuevo, y cuidarla, y alimentarla todas las noches de nectar de rosas y sangre de clavel... Pero la libelula prefería morir sola y tuve que conformarme con amarla desde lejos cada noche, mientras elaboraba hipócritas piruetas para demostrarle al mundo que ella seguía al pie del cañón. O quizá para demostrárselo a sí misma.
Y el crujir de las alas disimulaba su llanto, que limpiaba cada vez que teñía el agua con su verde gallego.
Y no existía el tiempo ni el polvo cuando ella volaba.
Y deseé ser libélula para sumarme a su vuelo, pero aprendí a conformarme con observar su melancólica danza de angustia disfrazada de misterio.
Vuela libélula, vuela hasta quedarte sin aliento, vuela embriagada por la armoniosa heráldica de los sueños.
miércoles, 23 de febrero de 2011
23-F
Hoy hace treinta años de aquel momento en el que España dejó de respirar. Aún hoy se conservan los agujeros que hicieron las balas de Tejero en el congreso de los diputados. Aún hoy quedan los recuerdos de nuestros padres y abuelos que relatan la angustia del momento.
La libertad de la España de entonces, y quizá tambien de la de ahora, se balanceó durante horas en la más delgada cuerda, cual funambulista borracho. Me estremezco de pensar en que algo así pudiera ocurrir ahora y que la libertad con la que nacimos nos fuera arrebatada con la estúpida frase de "viva España".
Brindo por todos esos diputados, fueran del partido que fueran, que se negaron a ceder a su chantaje. Brindo tambien por Juan Carlos, a pesar de mi republicanismo exacerbado, por tomar aquella decisión que, si bien tambien le convenía a él, era indispensable para nosotros.
No soy patriota ni mucho menos. España es el pais donde me tocó vivir y a pesar de todo no es un mal lugar. Pero algo se revuelve en mi interior de pensar en como Adolfo Suárez se plantó delante de ese cañón cargado de represión, por un pais que lo acababa de rechazar. ¿Hasta que punto se puede amar algo como para dar la vida por él?
23 de Febero. El día en que España pudo volver a esa prisión fascista justo cuando se econtraba más débil. Pueden sacar sus tanques, sus bombas y sus frías ametralladoras. Pueden cambiar nuestra vida, alterar la información y degollar nuestra libertad. Pero el 23 de febrero se demostró que, a pesar de todo, los ideales son a prueba de balas.
La libertad de la España de entonces, y quizá tambien de la de ahora, se balanceó durante horas en la más delgada cuerda, cual funambulista borracho. Me estremezco de pensar en que algo así pudiera ocurrir ahora y que la libertad con la que nacimos nos fuera arrebatada con la estúpida frase de "viva España".
Brindo por todos esos diputados, fueran del partido que fueran, que se negaron a ceder a su chantaje. Brindo tambien por Juan Carlos, a pesar de mi republicanismo exacerbado, por tomar aquella decisión que, si bien tambien le convenía a él, era indispensable para nosotros.
No soy patriota ni mucho menos. España es el pais donde me tocó vivir y a pesar de todo no es un mal lugar. Pero algo se revuelve en mi interior de pensar en como Adolfo Suárez se plantó delante de ese cañón cargado de represión, por un pais que lo acababa de rechazar. ¿Hasta que punto se puede amar algo como para dar la vida por él?
sábado, 19 de febrero de 2011
Donnez-moi une de tequila, de l'égoïsme et de solitude.
This ain’t a song for the broken-hearted...
El reloj marca las 2:03 de la mañana, pero siempre va algo adelantado, casi tanto como mis pensamientos. Un bar desierto en el que apenas hace unas horas no se podía ni respirar. El suelo está pegajoso por el alcohol derramado y el dueño fuma un cigarro desafiando la nueva normativa. De fondo se repite una canción de Bon jovi y ya no me apetecen más chupitos de tequila.
....no silent prayer for the faith-departed...
Somos pocos, mis amigos se rien y hablan animadamente con el camarero. Yo permanezco sentado frente al cristal que comunica la calle con el establecimiento. Todo parece decadente y marchito, me gusta la paz que emana el lugar.
...I ain’t gonna be just a face in the crowd...
Observo mi reflejo en el espejo y con un giño de vanidad descubro que ante la luz de aquel bar no tengo muy mala pinta. Hacía tiempo que no me sentía a gusto conmigo mismo. Pero esa sensación es tan vacía que me hace sentir completamente solo. No hay nadie en el que pueda depositar todo lo que siento, todo el amor que estoy dispuesto a regalar se comprime en mi interior y me vuelvo cada vez más un Aureliano Buendía encerrado en el libro de Gabriel García Márquez.
...you’re gonna hear my voice, when I shout it out loud...
Es mi vida y tengo la sensación de que se agota conforme pasan lo días, las horas, los minutos, los segundos. Y siento que este es el único lugar al que venir a llorar por una Julieta que aún no ha llegado para este Romeo de corazón marchito.
...It’s my life, It’s now or never...
Siempre pensando que llegará un momento en el que todo sea mejor. Pero ese momento no llega y mi vida se escapa. Seré feliz cuando consiga dejar de vivir en un futuro imaginario y me centre en este puto presente.
El reloj marca las 2:03 de la mañana, pero siempre va algo adelantado, casi tanto como mis pensamientos. Un bar desierto en el que apenas hace unas horas no se podía ni respirar. El suelo está pegajoso por el alcohol derramado y el dueño fuma un cigarro desafiando la nueva normativa. De fondo se repite una canción de Bon jovi y ya no me apetecen más chupitos de tequila.
....no silent prayer for the faith-departed...
Somos pocos, mis amigos se rien y hablan animadamente con el camarero. Yo permanezco sentado frente al cristal que comunica la calle con el establecimiento. Todo parece decadente y marchito, me gusta la paz que emana el lugar.
...I ain’t gonna be just a face in the crowd...
Observo mi reflejo en el espejo y con un giño de vanidad descubro que ante la luz de aquel bar no tengo muy mala pinta. Hacía tiempo que no me sentía a gusto conmigo mismo. Pero esa sensación es tan vacía que me hace sentir completamente solo. No hay nadie en el que pueda depositar todo lo que siento, todo el amor que estoy dispuesto a regalar se comprime en mi interior y me vuelvo cada vez más un Aureliano Buendía encerrado en el libro de Gabriel García Márquez.
...you’re gonna hear my voice, when I shout it out loud...
Es mi vida y tengo la sensación de que se agota conforme pasan lo días, las horas, los minutos, los segundos. Y siento que este es el único lugar al que venir a llorar por una Julieta que aún no ha llegado para este Romeo de corazón marchito.
...It’s my life, It’s now or never...
Siempre pensando que llegará un momento en el que todo sea mejor. Pero ese momento no llega y mi vida se escapa. Seré feliz cuando consiga dejar de vivir en un futuro imaginario y me centre en este puto presente.
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