sábado, 19 de marzo de 2011

Synesthesia nuit.

La música perfora mis tímpanos y mi conciencia. Unos contra otros, golpes, empujones, taconazos, pisotones, besos, caricias. Olor a alcohol, a perfume, a colonia, a tu pelo en la lejanía. Sabor a sudor y a vino, a poesía reprimida en una caja de pandora, a añoranza de saliva femenina. Luces extravagantes e hipnóticas, que se mueven por la sala inyectadas sobre el suelo, sobre las personas, sobre los vasos, sobre los fantasmas que quisimos habernos olvidado en casa.
Y entonces la música se para durante unos segundos, y las caricias, los golpes, los abrazos y la multitud se estancan en un capricho del tiempo. Y el sabor a añoranza se dispara y la fragancia de tu pelo atraviesa la sala cual suspiro de cristal. Y una luz amarilla y parpadeante ilumina nuestras miradas, que se funden en una antes de que vuelvan los olores, los empujones, la música y el sabor a decepción. Antes de que recuerde porque estoy en aquel epiléptico palacio.



lunes, 14 de marzo de 2011

Tsunami.

Kaname se dispone a salir de la casa de sus padres con dos maletas en mano. Se ha pasado cinco años estudiando periodismo y otros tres buscando trabajo. Al fin le han cogido en TvTokio para la redacción de noticias del diario de las tres. Está muy emocionado, cruza la puerta, al fin va a salir de Hokaido y de casa de sus padres para ser una persona independiente en Tokio. Piensa que allí quizá conozca a una de esas chicas que se pasan la vida cospleyeadas de Misa o Rena-chan, y que se hacen las tiernas para esconder su intrínsico caracter oriental. Cruza la puerta.
Tiembla la tierra, y el mundo se para durante sesenta segundos. La casa de madera se bambolea, las sirenas de las farolas empiezan a sonar. Kaname intenta ponerse a cubierto en el hueco de una tienda cercana. Se agarra a la pared con los ojos cerrados esperando que el seismo concluya. Ha hecho muchos simulacros desde niño, pero nunca imaginó que se produjera un terremonto tan largo. Algo le golpea en la cabeza y pierde en conocimiento.
Cuando Kaname despierta, no ve gente en la calle, su casa está hundida pero no demasiado. Piensa que menos mal que Japón es un país preparado para estas cosas. Se levanta del suelo, aún con las maletas agarradas del brazo y corre hacia su casa sujetándose la cabeza, para ver si sus padres estan bien. Mientras lo hace, desea que el terremoto no haya dañado el tren y pueda llegar a Tokio para trabajar al día siguiente por primera vez en su vida.
Oye un grito y un ruido estremecedor que viene del este, una ola negra, llena de árboles, tablones, coches, barcos y casas avanza hacia él a una velocidad completamente inimaginable. La adrenalina le dispara el corazón, y queda hipnotizado ante la macabra danza de muerte y destrucción que ejecuta la ola mientras avanza en su dirección. Su cerebro dice "corre" pero sus piernas no responden, y la ola cada vez está más cerca. Sus ojos se abren tanto que puede notar como sus lentillas se desplazan hacia arriba.
Y de pronto, piensa que nunca trabajará como corresponsal en alguna ciudad europea, que nunca dormirá en el apartamente de Tokio donde iba a vivir a partir de ese día, ni que nunca conocerá a ninguna chica anime de la capital.


 Y cuando la ola cubre la luz del sol, Kaname se ve a si mismo como una hormiga aplastada por el capricho de un niño, y piensa que todo lo que ha hecho no ha servido absolutamente para nada y que el hombre, a pesar de su constante afán de supremacía, ha vuelto a perder la batalla contra la naturaleza.
Y toda su vida se resumió en victima 875.

                                                                

domingo, 13 de marzo de 2011

Comparer.

Si fuera más atractivo, o al menos si fuera tan seguro de mí mismo como presumo ser, hubiera atravesado el bar, flotando como un globo de Helio, y me hubiera acercado a tí con una ceja arqueada y media sonrisa, preguntándote cualquier chorrada por el simple placer de oír tu voz.
Mas como no he salido de ninguna película de Hollywood, me quedo en la otra esquina del bar, removiendo con la pajita una y otra vez los hielos de mi vaso, mirándote fijamente, como diciéndote que apenas te conozco pero que podrías llegar a ser esa Julieta que el tiempo juró regalarme. Pero mi mirada, frágil y mortecina, se desmorona cuando nuestros ojos se cruzan y yo aparto bruscamente la cabeza ante la presión de tus pupilas. Es entonces cuando pienso que cuando clavas la mirada hacia esta esquina del bar, lo haces por mí. Y mientras los demás alimentan la noche con sus risas de garrafón, yo lo hago engañándome a mí mismo con estos pensamientos, dirigiendo mis ojos hacia algún punto muerto de la pared. Resistiendo la tentación de mirarte de nuevo.
Algo me dice que eres especial, pero no sé que es. Estoy cansado de buscarle a todo una explicación lógica y racional. Quiero dejarme llevar por esa mirada recalcitrante que rebosa inteligencia y autodeterminación.
Y pienso que te pareces mucho a la diosa griega de la sabiduría y que esta noche estás demasiado guapa para alguien como yo, a pesar de que me he puesto mi mejor camisa por si te veía. Y pienso tambien que debería aprender la lección de tantas banas ilusiones que no hacen más que empeñarme a plazos el corazón. Y yo ya tengo demasiadas deudas con cúpido.


Tu mirada me petrifica el alma y casi hace que  me explote el corazón . Ya no puedo hablar, ni reir, ni beber. Solo observar como tu silueta femenina abandona el local.
Es entonces cuando te paras y dices: -Hasta luego eh?- y yo finjo no haberte oído para escuchar de nuevo tu voz, pero, sorprendentemente, te limitas a contestar: -déjalo, no he dicho nada- Y mi corazón vuelve a latir tras una prolongada pausa.
Y salimos del bar, y tú te vas escaleras arriba. Y llueve, pero muy poco.

                                                                

viernes, 11 de marzo de 2011

Sigh.

Estoy vivo hacia fuera, muerto por dentro
¿para que vivir si la vida es solo un lamento
que como un leve suspiro se escapa
volando suave y lento en esta carta?

Que la sangre corre por mis venas es cierto
que mi corazón palpita no te lo niego
pero es este profundo y tibio lamento
el que marchita mi alma y pudre mi cuerpo

Quizás un corte limpio y el dolor acabe
quizás un cuchillo sea el fin de mis males
quizás de la profunda herida salga mi alma
quizás en la noche oscura encuentre la calma

Soy el incorpóreo prisionero del tiempo
que huye de un  pasado tan cruel y tan lento.
 No puedo sobreponerme a un presente
que apuñala mi futuro mortalmente

El dulce veneno de la amargura
tiñe de negro mis venas con premura
Mi corazón no detiene su avance,
  el veneno apaga mi vida lamentable

Pero, quizás haya una luz en la oscuridad
quizás aun quede algo por lo que luchar
quizás tus ojos me mantengan vivo
quizás la vida no sea solo un suspiro.

  Vento

miércoles, 9 de marzo de 2011

Германия.

Todas las mañanas hace frío, pero cuando llega la noche y meto los pies entre las sábanas ya me he acostumbrado a él. Apenas pude dormir esta noche, papá tosía demasiado y Nicolás se metió en mi cama porque tenía miedo de que volvieran los soldados.
Nunca pensé que echaría de menos el colegio, aunque es cierto que echo de menos muchas cosas. Desde que empezó la guerra ningún ruso quiere corbatas ni pañuelos, apenas les da el sueldo para un pedazo de pan. Así que papá está arruinado. Arruinado y enfermo. Hace tanto tiempo que no comemos pan... la última vez fue cuando mamá regresó a casa semidesnuda con una barra en la mano y el maquillaje difuminado por la cara. Cada vez que mamá sale de casa siempre vuelve así, y cada vez que mamá sale de casa se oye a papá llorar desde su cama. Nicolás se peleó el otro día con Mikjail porque su madre había dicho que mamá era una puta. Nicolás no sabe lo que es un puta, pero no soporta que hablen mal de mi madre. Hasta hacía tiempo se presentaba como "Nicolas, igual que el padrecito zar" Ahora mi padre se lo ha prohibido y todas los vecinos tiemblan al oir su nombre. Nico no se explica que ha podido pasar con su fantástico nombre.
Tampoco vamos ya a la Iglesia, papá ha decidido que Dios no existe, que si existiera no dejaría morirse de hambre a buenas personas como nosotros mientras el zar y los ricos andan jugando a los soldaditos con Alemania. Mamá antes le decía que como siguiera pensando así acabaría en el infierno, hasta que mi padre le contestó que al menos allí estaría calentito. Pero mamá ya no opina sobre eso, ya no opina sobre nada, se pasa el día deambulando por las calles para poder alimentarnos.
Yo no sé si Dios existe o no, pero cuando esta mañana tan fría se han llevado el cuerpo de papá -que también estaba muy frío- al cementario de Petrogrado, le he dado gracias a Dios por hacer que mi padre no tuviera que continuar viendo como mi madre se prostituía ni como sus hijos se morían de hambre por una guerra estúpida.


Durante el funeral un hombre ha comentado que esta guerra es un infierno. Ójala, si así fuera al menos haría algo de calor.

                                                        

sábado, 5 de marzo de 2011

Solitude.

Ignoro cuando la conocí, supongo que cuando comencé a ser cosciente de su presencia. Está aquí, a mi lado, con la tez casi tan carmín como sus labios al observar como le dedico estas lineas.
Su nombre es Soledad, sus amigos la llaman Sole, o eso harían si los tuviese. Siempre viste de negro y se tiñó el pelo de blanco en una peluquería de Móstoles. Su figura es esbelta, aunque no demasiado, y la gusta enseñar sus delgadas y pálidas piernas, que ella quisiera fueran color ocre, a través de aquel vestido gótico que compró en internet y que viene de Kyoto (Japón). No la gusta pasar desapercibida, y por ello gasta al día diecinueve kilos de maquillaje aunque no lo necesite, pues solo su nariz hebrea ya la hace atractiva. Y camina por la calle escuchando Heavy Metal o Lady Gaga, guiñando un ojo a todos los viejos verdes que se quedan contemplando sus pechos, redondos y turgentes, bajo el vestido negro.
Dice que se enamoró de mí un día que estaba leyendo El retrato de Dorian Gray en el columpio de un pueblo de la provincia de Segovia, y que, desde entonces, decidió no separarse de mí. Y así ha ocurrido, aunque yo intentara sustituirla por otras a las que obligó a dejarme, o a las que me obligó a dejar. Soledad es celosa y solo le gusto cuando estoy débil y arrinconado, para así poder mecerme en sus escalofriantes brazos. Por ello mata todas las libelulas que  lanzo desde mi ventana, por ello entregó mi corazón a la princesa más inaccesible del reino, para que jamás pudiera tocarla.
Soledad se acuesta conmigo todas las noches, y se levanta desayunando café y Special K, siempre con su sonrisa burlona de funcionario de prisiones. Me sigue a todas partes, utiliza mi cepillo de dientes y me obliga a acompañarla a sus clase de ballet, de clavicordio o de arte dramático, todas las noches cuando cierro mis párpados en busca de un descanso que nunca hayo.



He intentado drogarla con morfina hospitalaria, he intentado ahuyentarla con mil y un improperios que me enseñaron a no decir delante de las mujeres, he intentado matarla, clavar en ella mi puñal cocido a fuego lento o dispararla con mis balas de plata y egocentrismo. Pero ella se limita a sonreir, a decirme que no sea bobo y a convencerme de que nunca seré feliz y de que esta insulsa realidad es lo único a lo que puedo aspirar.

Puta.

                                                          

jueves, 3 de marzo de 2011

Ballon.

Porque sé que estás leyendo esto. Porque quizá seas casi tan predecible como yo, a pesar del misterio enajenado que brilla en tus ojos y los hace tan absurdamente irresistibles.
Porque me pondría en tu lugar sin ni si quiera conocer cual es. Coger aquella navaja de humo que guardo bajo mi cama y repartir equitativamente el dolor que te consume, como si fueras una de esas velas negras que utilizan los hechiceros vudú para maldecir. Si no está en mi mano acabar con tu carga, déjame al menos compartirla.
Porque es díficil. Todo. Porque la vida no es como nos la prometió Disney, y somos débiles. Todos. Mas debes agarrarte a lo que sea, cualquier cosa que infle tu positivismo como uno de esos globos de helio. Y no se te ocurra pincharlo princesa, porque estarás perdida. Y no dejes que el Rey se hunda ni te hunda. Haz que vuele, como lo haces tú cada vez que alguna carcajada rebelde se te resbala de la boca.


Porque el globo no puede dejar de volar, porque está lleno de libélulas y burbujas volatilizadas. Igual que tú.