jueves, 28 de marzo de 2013

Lebenslangerschicksalsschatz.

En alemán, "tesoro del destino que perdura para siempre". Se supone que todos tenemos un Lebenslangerschicksalsschatz ahí, en alguna parte, y se supone, también, que nosotros somos el Lebenslangerschicksalsschatz de alguien. Es un sentimiento inefable, un orgasmo cerebral, un ataque terrorista al corazón. La certeza lo convierte en un hechizo potente y escurridizo, porque si llegas a plantearte si una persona es tu Lebenslangerschicksalsschatz es que no lo es en absoluto.

¿Y si fuera cierto? ¿Y si nos dejáramos guiar por los románticos alemanes? En castellano no hay ninguna palabra que defina correctamente algo tan mágico y contundente. Puede que los alemanes nos adelantaran en ese sentido. Puede también que no sean solo nazis y constructores de autopistas como la historia que, siempre, siempre, escriben los vencedores, nos ha hecho creer. Puede que exista una sensibilidad escondida en el centro de Europa que sustituye la pasión mediterránea por la idealización secreta y silenciosa de un sentimiento del que nos hablan todos los cisnes y la mayoría de los poetas.

Pero ¿Por qué? ¿Por qué existe algo así? ¿Por qué existe la magia del amor si también lo hacen las máquinas expendedoras y los mercados financieros? ¿Por qué existe el sentimiento si ya el sexo permite la reproducción? ¿Por qué una unión de almas en este mundo de individualismo envasado al vacío?

Los esquemas se rompen, la razón se hunde en el lodo y la química parece no explicarlo todo. El dolor  te atormenta, las dudas te invaden, las inseguridades florecen y nuestros fantasmas vuelven para encontrarnos. Pero solo en la noche más oscura puede apreciarse la luna, blanca y explosiva, como los ojos de una princesa que se alimentan de la esperanza de un nuevo caballero que viene a rescatarla. La oscuridad del amor solo es el marco que protege la verdadera obra de arte, y eso no todo el mundo lo sabe.


Lo mejor de la vida es que de vez en cuando existan cosas como el Lebenslangerschicksalsschatz. Situaciones inexplicables que arrasen con todo y sigan rompiéndonos la cabeza de la misma manera que se la rompía a nuestros ancestros, sin que esa Civilización en la que vivimos y que pretende controlarlo absolutamente todo, pueda hacer nada para evitarlo.

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