sábado, 20 de noviembre de 2010

Âmes.

Qué ente más maravilloso es el alma. A veces, cuando paseo por las oscuras calles de mi subconsciente,  espero encontrar mis sueños, mi sangre y mi esencia, agrupados en ese inmortal y frágil cuerpo que llamamos Alma.
Me gustaría que el alma existiera casi tanto como me gustaría creer en ella.
Disfruto al imaginar de que color tienen las personas el alma. Almas calientes y multicolores, latiendo en las entrañas de cuerpos fríos.
Hay almas rosas, que posee la gente presumida y superficial, pero inocente y dulce al mismo tiempo.
Las almas verdes son de los mentirosos, curiosos y empáticos.
Azul es el color del alma de la gente tranquila y pacífica, serena como el mar.
El alma marrón incluye un gran caracter, escondido tras inumerables capas de timidez.
Amarilla es el alma de los soñadores despistados y naranja la de charlatanes seguros de si mismos. Violeta la de virtuosos y artistas hipocritas que huyen de la realidad.
Hay tambien almas rojas, pertenecen a los despiertos e inteligentes, a los débiles y a los evasivos y grises como las que poseen las personas fuertes, tozudas, fieles y violentas.
Negra es el alma de los muertos.
Hasta ahora nunca había encontrado un alma blanca. Será porque muy pocas personas la poseen.
Es dulce como las almas rosas, empática como las verdes, tranquila como las azules y tímida como las marrones. Es soñadora como las almas de color amarillo y charlatana como las de color naranja. Es virtuosa cual alma violeta e inteligente como la roja. Es sobretodo fuerte, como las almas grises.
En calles atestadas, esa alma brilla incandescente, viva... blanca.
He quedado cegado ante su luz, sorprendido de que el alma de una persona haya podido iluminar de nuevo la mia, que creía podrida, muerta... negra.


                                  

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